¿QUIÉN NECESITA UN GIMNASIO?

Hace casi diez años, realicé un viaje que significó un antes y un después en mi forma de trabajar. A través de Quique Villalobos, me puse en contacto con Tom Vachet, un preparador físico de Los Ángeles. Quién me iba a decir que aquel encuentro, sin sospecharlo lo más mínimo, iba a suponer el inicio de un nuevo viaje que ha resultado ser sin retorno.

Como nuestra mente siempre está inventando y creando nuevas expectativas, yo había imaginado que iba a encontrarme con una manera de trabajar muy “a la americana”, rebosante de nuevas y espectaculares tecnologías. Pero cuando conocí a Tom, lo que encontré con él fueron balones medicinales de 4.5 kg, pelotas de squash, bancos de 80 cm de altura, colchonetas de alto nivel propioceptivo, una cancha de baloncesto y un cronómetro. Este último y sencillo elemento resultó ser fundamental. Y eso era todo. Eso, y sesenta minutos de trabajo por delante. Ni un minuto más, ni un minuto menos.

El trabajo estaba fundamentalmente dirigido a la musculatura profunda, aquella que ancla nuestro cuerpo al suelo y que se convierte, por tanto, en el punto de partida para cualquier movimiento posterior y en la base de la condición física, que desarrolla el sistema músculo-esquelético (músculo, tendón y ligamentos).

La mayor virtud de este sistema de trabajo es el amplísimo abanico que cubre, empezando por  la prevención y terminando en la mejora del rendimiento físico. Paralelamente, existe una mejora inconsciente por parte del deportista y de su sensación mental de invencibilidad, ya que los ejercicios le llevan permanentemente al límite, entablando una lucha con la mente por el “puedo hacerlo». Esto crea una serie de hábitos en el deportista, permitiéndole tener un plan permanente al que recurrir, independientemente de que las cosas estén yendo bien o mal, más especialmente en este último caso.

La PERSEVERANCIA es la llave del éxito